Hablaba por su boca como si no pudiera callarse

Gritaba para asustar, mientras que con sus flechas y rayas de punta intentaba pinchar a los que se le acercaban. Sus enormes ojos conjuntaban muy bien con su cadena de oro y esta perfectamente con su gorra americana comprada en la plaza del pueblo. 

 Creo que eructaba signos de interrogación, cruces y flechas de variado color, rayas y truenas, que cobraban vida en cuanto alcanzaban el aire de la calle. Nunca signos de admiración.

Figuras agachadas buscando salida

Me gustó el encuadre de estas pequeñas figuras agachadas, leves esculturas sin rostro y de formas deformes que se encogían como para pasar desapercibidas. Pero las pillé y me las traje a mi casa. He intentado adivinar qué cara tienen, quienes se esconden entre sus arcillas, pero ha sido imposible. Ellas quieren seguir siendo anónimas y yo debo respetarlas. Lo que no pienso decir a nadie es que estaban dentro de un montaje con una gran música acompañando su posición de escondite. Es un secreto.

Gaviota loca que jugaba entre basuras



La vi sola en medio del río sucio de una gran ciudad, rodeada de coches ruidosos y aguas sucias. 

Era una loca perdida que buscaba mejor vida. 

Yo intenté convencerla de que no era aquella su vida, que necesitaba volar para escaparse. 

Pero no supo elegir mejor destino que ser diferente entre las basuras de aquella ciudad.

Dos señora esculturas. Una movida y la otra no

Era una exposición de Yayoi Kusama en Madrid de hace un año y la imagen es mala por defecto de luz y de cámara mediocre. El conjunto de la escultura con la señora vigilante quieta como otra escultura me pareció perfecto. Pero ella pensó que estaba fotografiando solo a la escultura e intentó desplazarse para no molestar. La realidad es que me pareció maravillo el conjunto primero, ella y su modelo. El modelo y ella sentada. Pero fui lento, yo y la cámara. La escultura de Yayoi Kusama dice la mitad sin la conserje sentada impertérrita en la silla. Pero no me dejó pillarla desprevenida. Un intento perdido de una imagen aceptable. Nadie podrá decir que la modelo de verdad se nos movió, ni que yo lograra pasar desapercibido.

Mar sólido. Bocados de mar natural


El mar nos entrega bellezas feísimas, productos maravillosos que nunca nadie se comería si antes el hambre le perseguía hasta límites insospechados. ¿Quién probó por primera vez unas ostras, unos erizos de mar? El hambre le debería perseguir muy de cerca. Pero es maravilloso. En ambos casos es comer mar a bocados, es simplemente eso, comerse el mar sólido, o casi, en forma de un producto natural maravilloso. En otro blog comentaré cómo se toman, que es muy simple.

Torre modernista en los cielos de Barcelona

Me gusta encontrarme en los cielos con sorpresas y por ello siempre que puedo miro hacia arriba. Algún día tropezaré de bruces contra la realidad. Esta torre de ático modernista la pillé en Barcelona, buscando aleros y balcones, ventanas y palomas. Lo hermoso debe ser apoyarse en la misma, tomando una cervecita mientras contemplas Barcelona anocheciendo, antes de salir a una completa cena. 

Barcelona tiene patios, fachadas y paredes. Hay que mirar siempre que se viaja hacia los cielos para buscar más miradas perdidas. No hay que dejar sin ver, lo hermoso.

Son colores, sabores, olores, texturas. Son frutas


¿Les apetece entrar y probar? Son frutas novedosas, casi raras, de otros países en muchos casos. Son colores, sabores, olores, texturas. Es viajar sin moverse de casa, es imaginar y soñar. Es el Mercado de la Boquería de Barcelona, pero cada vez son más los mercados que tenemos cerca de nuestra casa. Un poquito de grosellas junto a unos arándonos, unos longan o litchis recién pelados, unas fresas y unas uvas moscatel pueden hacer que soñemos por unos instantes. ¿Es caro soñar?

El músico callejero de la mirada perdida

Miramos sin ver, como hace este músico callejero que con la mirada perdida intenta adivinar su futuro. Como un autómata intenta sacar música de unos vasos esperando que algunas monedas recompensen su trabajo para poder sobrevivir entre los lobos. Sabe que u trabajo es constante y duro, y su fiambrera y su termo atestiguan que no piensa moverse de allí hasta que alcance la noche el vacío de las calles. Su sencillo aparato musical le acompaña junto a la fiambrera y esa maletita en la que nunca podrá meter su herramienta de trabajo. Pero él sigue sin mirar a ningún sitio.

Picar lo picante en variados colores

Picar lo picante, enseñarlo y venderlo. Lo picante no siempre es rojo, a veces verde, otras amarillo, algunas blanco otras crema. Aunque si se mantienen una forma casi constante. El picante suele ser alargado, delgado, terminado en punta. Cuanto más punta, más picante, dicen. No es seguro. Hay donde elegir entre los picantes, pero incluso hay muchos más de los que se muestran. Esto es solo una muestra para hacer boca.

Vendedora de bragas y calzoncillos desde el aire

Era una vendedora de bragas y calzoncillos, de ropa interior vista desde las ramas. Resultaba desde la distancia una imagen plana, casi como un pequeño cuadro enmarcado en el rojo del tapiz. Un cuadro cubista en donde el blanco y el negro peleaban con los tonos carne y algunos atrevidos rojos.

La pequeña tienda tenía dos vendedores, uno con teléfono y otra con ganas de vender y mucha labia. Esa la simplicidad comercial vista desde los aires.

Algunos colores del Mercado de la Boquería


Pasear por el mercado de la Boquería es descubrir mundos, colores y olores, gustos y secretos que yo no conocía. Parte de ellos se repiten, pero siempre van surgiendo otros nuevos, que invitan a seguir paseando cada vez que te acercas a las Ramblas. Los buenos mercados están de moda en Madrid y Barcelona y deberíamos tomar buena cuenta desde el resto de grandes ciudades. Mercados 2.0 o neomercados. No están muertos los mercados, solo lo están “algunos” mercadillos.

El triste caso del águila sin dueño

A algunas águilas les falta la leyenda, el emblema, la frase. Son águilas de piedra que se quedaron sin terminar a falta del detalle que nos dice qué debían indicar, señalar, vivir mientras volaban. Esta es una de ellas. Esta vacía la leyenda, incluso el lugar para grabar un escudo de armas. Ha quedado un águila como vacía, sin motivo humano para servir. Nunca ya sabremos que deseaba decirnos quien la mandó esculpir, qué mensaje deseaba trasmitir, quien era quien pagó la escultura. Por eso el águila nunca voló de su fachada barcelonesa, pues a nadie pertenecía y no sabía a donde irse a descansar.

Una ventana con rejas entre la sombra


Recorro mi mundo buscando ventanas con formas, cerradas o abiertas, inútiles o de colores, viejas o repujadas, grises o con luz. Una ventana es una salida o una entrada, es sobre todo una duda. Es también una decisión, una posibilidad y un detalle para poderse asomar a lo que nos rodea. Una ventana puede ser lo último que veamos. O lo primero a donde nos asomemos para ver qué nos espera fuera.

Histórico callejón lleno de vida muerta

Creo que es la única calle cubierta de mi ciudad. Es corta, un callejón más bien, pero con mucha historia de guerras contra los franceses, defensas de un territorio que se sentía avasallado.

Se mantiene abierto, se puede pasear y entrar por la calle en busca de su final, que lo tiene. Es adentrarse a un lugar en donde sabes que hace 200 años se sufrió muerte y dolor. Impresiona mirar sus paredes retocadas y adivinar que allí hubo personas hace tanto tiempo.

Nieve de tarde, gris oscura desde lejos

La luz de tarde deja en la nieva unos azules oscuros que pintan el blanco de sombra suave. Toda la nieve deja a lo lejos de ser blanca para convertirse en grises azulados, pero de cerca sigue siendo tan blanca como antes. Según pasan las semanas el sol está más alto y cuesta más ver estos tonos apagados pues se nos va representando la nueva vida de la primavera.

Gaviota buscando ayuda urgente para su ala

La gaviota se quedó quieta delante de mi paseo por la playa. Andaba, volaba poco, pero estaba herida en una ala. La mañana era fría y gris, apagada de sol, de invierno. Y ella se tumbó sobre la húmeda arena en busca de descanso o de cura. Cuando me acerqué ella no quiso moverse e incluso al llamarla giró su cabeza, mi miró y posó tranquilamente. Creo que buscaba ayuda y yo no se la podía dar. Me intenté acercar más para consolarla pero se levantó y ando rápido, tal vez escapando de un animal como yo, parecido al que la dejó herida.

Patos mareados y extraviados en la charca de la playa

Eran aguas estancadas, pero eran aguas que al final es lo único que les debe importar a los patos extraviados. Parecían patos perdidos entre la playa y la charca sin saber bien a donde quedarse. En las aguas de la playa mal, pues además de salada estaban las gaviotas que no le apetecía compartir nada. Pero en la charca las ranas huían de las ratas y estas necesitaban comer todos los días. Mal viaje para unos patos mareados.

Cielos negros entre azules escondidos que pierden color


La sombra del día que se muere es gris oscura, acabándose el día se esconden los azules del cielo y aparecen los negros de la noche. Dejan de verse formas, detalles, dibujos de las zonas que ya no reciben luz y aparecen otras más marcadas entre los contrastes de los cielos, incuso de las aguas. Todo va cambiando lentamente, pero nada parará ya el negro de la noche. Solo el amanecer volerá a dejar todo como estaba.

El milagro de la vida verde entre rocas

Nacen y crecen sobre piedras, toman su humedad desde unas raíces no muy profundas que buscan una ligera alimentación en el interior de la tierra. Se arrastran para buscar más humedad desde el propio suelo y dotarse de vida envolviendo las piedras con unos verdes muy diferentes que van cambiando según crecen las ramas por los suelos. Desde el amarillo primavera al verde más oliva para terminar en un verde vejiga oscuro. Es como un milagro de vida verde en plena roca gris.

Sinfonía de colores. Como las personas de complicados


Los colores nunca están solos, se acompañan para darse vida. Un color, sin luz, no existe. Un color sin otro color a su lado pierde fuerza, ya no es lo mismo. Los colores necesitan contraste, complementarse con los contrarios, diferenciarse sobre fondos y sombras. Los colores son como las personas, necesitan a otras personas para destacar, aunque a veces sea a costa de apoderarse de sus vecinos.

La historia de un cráneo de mujer que miraba a los ojos

Este cráneo, creo que humano, lo encontré acudiendo andando hacia el final de mi ciudad. No sé si lo he comentado alguna vez, pero todas las ciudad acaban en algún punto. Es complicado encontrar el final de las ciudades, pero existe, es cuestión de buscarlo y creérselo. Parece una cabeza de señorita querida, de lagartona de ojos verdes, de una desdentada de tanto libar los jugos de apetitosos. Pero las apariencias engañan casi siempre. Era un acierto que el cráneo supiera mirar a los ojos y tuviera la capacidad de meter miedo. Así era posible amarle más.

Montañas nevadas separando a Francia para que no entre


Simplemente nieves, pero decoran la naturaleza, convierten lo habitual en novedoso, en diferente para los que no tenemos la nieve entre nuestras pertenencias habituales. Al fondo había nieve pero no la alcanzamos para pisar y romper. Simplemente queríamos mirarla y sentir frío. Y supimos que estábamos perdiendo la oportunidad de cambiar de suelo, simplemente por miedo.

Huellas en la nieve que abren caminos

Huellas y más huellas. Caminos que van al camino. Sendas nuevas que abren atajos, que se hacen al andar, que se marcan e indican que hay que surcar espacios llenos de nieve. Son dibujos sobre el lienzo blanco de un campo pirenaico, cruzando y descruzando en busca de la salida. Son los lugares por donde pasaron en busca de las salidas, personas del lugar. Los de fuera no sabemos buscar las salidas fuera de los caminos ya marcados.

Mariscadoras verdes que traen lujos por las noches

Para disfrutar del marisco, antes, buenos profesionales del mar se han adentrado por la noche a su busca y así poderlos tener frescos sobre el plato  a las pocas horas. Todo hay que pagarlo, también el lujo de tener el trabajo de buenos trabajadores sobre la mesa del gusto. Vivo, fresco, oloroso, sabores en forma de pequeños lujos naturales.

El homenaje de una torre a su trovador. O al revés


Desde aquella torre se habían asomados feroces guerreros defensores de atalayas perpetuas. Habían rendido homenaje a decenas de endurecidos soldados de batallas ganadas. Ahora era un bello torreón de ladrillos que a veces dejaba entrar a forasteros desviados de sus rutas en busca de nada nuevo. Sonaba una flauta en lo alto como de un bello enamorado que buscaba un amor perdido. Dicen que llevaba siglos sonando en cuanto alguien se atrevía a izarse a sus escaleras rotas. Nadie lo vio nunca.

Permanecen unidos hasta que dejen de ser ellos mismos


Unidos.
Están unidos entre ellos por unos lazos que no eligieron, pero están pegados y cosidos.
A donde va uno tiene que ir el otro; se siguen, se acompañan, se miran y se van envejeciendo juntos.
De momento no se pueden separar, ya iremos viendo, según necesidades, si al final en la fundición son capaces de permanecer unidos hasta que desaparezcan.
Tampoco dependerá de ellos.

Puesta de sol en un invierno rojo


Por las noches todo son colores diferentes. Y si surgen fuertes lo son más fuertes, y si puedes observar detalles tenues, lo son más suaves. La noche todo lo agranda, lo débil y suave también.
Era una anochecer en Salou, una puesta de sol entre las montañas de Hospitalet mientras el frío atacaba los rostros de los escasos asistentes a esta gran mesa de colores. Nadie decía nada, solo contemplaba.

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