Podría ser un extraterrestre, pero yo creo que era más bien un habitante del Pirineo.

Los bichos pueden ser incluso naranjas, tienes esa facultad de adaptación al ambiente, para austar o para distraernos. Hace unos años lo pillé entre unas piedras. Nos quedamos mirando y ambos salimos de aquel encuentro, vivos.

Hoy lo he recuperado y al recordar su mirada verde me ha hacho gracia y lo he recordado. Podría ser un extraterrestre, pero yo creo que era más bien un habitante del Pirineo.

Hace muy poco todavía estábamos llenos de calores. Y de colores.


Podría parecer de plástico, pero son frutos del otoño caliente que hemos tenido. Ahora ya no están y por eso los traído del desván, para recordarnos que hace muy poco todavía estábamos llenos de calores. Y de colores.

Suelo sufrido y ajado, nada reconocido

Es un simple suelo muy pisado, muy andado mientras observamos lo que nos rodea. Nadie se fija en los suelos, pero están allí, para sujetarnos. ¿Nos hundiríamos si no estuvieran?

Hierros dominados por el calor del hombre

Nada es casualidad, sobre todo si es de un material muy consistente. Pero incluso lo más duro se puede doblar, modelar, doblegar.

Están mojadas que no limpias

Detrás del agua de una fuente que no se nota, sobreviven al abandono. 

Son azules o verdes, pero ellas no lo saben.

Y aunque lo supieran ¿qué?

No seamos cobardes. Cortar y dejar secar

Ante la posibilidad de que todo se nos quede seco, antes, hay que cortarlo y colgarlo al aire. 

Debemos ser nosotros, los que ante lo inevitable, tomemos medidas para poder actuar y ser los responsables. 

Dejar que todo suceda por que debe suceder es de cobardes.

Parecían chicas de los años 70. Pero el camafeo me lo confirmó

Chicas agujereadas por las ventanas, sin dejarlas hablar, mirando hacia la nada, esculpidas en una vieja pared dispuesta a ser derrumbada en cuanto ya no haga gracia su mirada.


Siempre creí que las salvaba la flor magenta y su vestimenta de los años ajados de los 70. Hasta que me di cuenta del camafeo al cuello. Entonces pensé en ellas y en aquellos años. Ya nunca volverán.

Brazos al sol pidiendo un abrazo de ayuda

Son brazos al sol, al cielo, buscando la salida y el abrazo. Hay que arrimarse a quien nos tienda los brazos, aunque a veces pinchen. Si abre su defensa es que necesita ayuda.

Quien no tiene un mar en su casa es por que no quiere creer o crear

Hay mares pequeños, mares imaginativos y mares de bolsillo. Hay mares creados a nuestro gusto y para pasar el rato. Mares para dar envidias o mares falsos. Y en todos ellos hay espumas. Mares que crecen en horizontal o en vertical, mares negros o mares blancos. Incluso hay mares azules y húmedos. Quien no tiene un mar en su casa es por que no quiere creer.

Otras formas sociales sí son posibles. Pero no recomendables


Es la vivienda de unas arañas, una colmena, un pueblo, una calle, un entramado de viviendas afines, una sociedad. De arañas, si, pero una sociedad. Otras formas sociales si son posibles.

El sol y las chicas se iban. Pero a distinta velocidad

Era la tarde que caía. Dos jóvenes practicaban en el Ebro su deporte. No iba a suceder nada que no fuera el cambio de color en la luz. ¿Les parece poco?


La luz se movía pero las chicas iban más rápidas. Cuando se acabó el sol, ellas ya no estaban y el vacío llenaba el agua.

Una modela magenta mirando a nadie

Luz, color, forma, mirada.
Gestos, negros, manos, magentas, modelo, cartón, marrones.
Tal vez incluso sombras que meten volumen entre los pliegues.
Tela y diseño. Muchas tela.

Me embriaga la idiotez de la doble vida, incluso de la resurrección

Me embriagan los clavos sobre madera vieja. 

La lucha por sobrevivir de aquella maderas usadas que van perdiendo color y ganando colores, mientras se agarran al uso.

Busco puertas, ventanas o tabiques, herramientas o vigas viejas, pero siempre que hayan tenido uso después de taladas.

Me embriaga la idiotez de la doble vida, incluso de la resurrección.

En Valencia hay torres, agua, luna y cielos rojos

Hay atardeceres que invitan a pensar en el próximo día, que ayudan a seguir construyendo caminos.

Hay luna en Valencia, pero también cielos azules y aguas de mar que brillan en verde.


Tras la noche temprana queda muchas horas para seguir mirando. Y para ver.

Un otoño casi primaveral se nos ha ido sin despedirse

En los otoños cálidos siguen apareciendo flores que engañan incluso a las abejas y avispas que creen en una primavera a destiempo.

Las primaveras solo viene una vez al año y hay que aprovecharlas bien.

Incluso hay primaveras que tardan muchos años en volver a dar oportunidades.

O a no darlas nunca.

Naturalmente es artificial. Por eso es peor que la auténtica


Naturalmente es artificial. No la flor; no el árbol que la sostiene; sino la absurda visión manipulada. 

A veces deseamos intervenir, trasformar para asemejarlo a algo peor, por eso casi siempre que lo hacemos lo estropeamos. 

Pero no podemos evitarlo. 

Somos humanos y tenemos que ir estropeando todo lo que tocamos. 

Va en nuestra forma de ser.

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