Era un agua fingida mientras me tomaba un café

Aguas cristalinas y nunca mejor dicho. Aguas reflejadas en un cristal imitando a las aguas húmedas. Distorsiones para trasformar, para convertir en imposible lo que vemos de forma natural. Un simple espejo mirado desde un lateral mientras tomaba un cortado a media mañana. Mirar, a veces, es inventarse una vista diferente.

Una ventana sin pared no es nada, le falta el sentido

Las ventanas se ven desde fuera y desde dentro. Cerradas o abiertas. Atracadas o atrancadas. Con rejas o con amores. Sin flores o con belleza. Pero las ventanas no son nada sin su pared. Quien da personalidad a una ventana es el marco, el ambiente que las rodea. Una ventana sin pared no es ventana, es un trasto que no sirve para nada.

Por si no podemos, siempre seremos los que lo intentamos

Por si no podemos, siempre nos quedará la sensación de haberlo intentado. La de habernos dado cuenta que así no vamos a ninguna parte positiva, sino al declive como sociedad esclavizada por nuestras propias decisiones. Las bestias simplemente se aprovechan de nuestra idiotez manifiesta.

La irreal realidad de los reflejos

Un sencillo reflejo nos distorsiona la realidad hasta entregarnos otra visión de la verdad. Pero sigue siendo verdad. No tenemos que cambiar nuestra forma de observar pues ella misma ya se ocupa de ponerlo fácil.

Sobran racistas que no entiendes de riqueza nacional


Gritos de pared, cuando no hay muchas formas de expresión libre. Hay que ir rápido pues enseguida las borran, pero siempre hay alguien que logra retenerlas para luego poderlas virilizar. 

No sobran inmigrantes, pero faltan explicaciones para comprender lo que representa para cada país que vengan personas a trabajar, consumir y ser ciudadanos como todos. Las personas son un activo para todos los territorios. Otra cosa es que no sepamos integrarlos y se conviertan en un problema social. Peor la culpa no es de ellos, sino de los que no saben hacer sociedad.

Un león de piedra a punto de comerse vivo al visitante

La bravura se puede mostrar de muchas maneras. Una mirada sirve. Un gesto de ataque, mostrar las garras y avisar con la boca entreabierta. Este león de piedra está a punto de atacar al visitante de Birmingham ero lo tiene en lo alto de un gran edificio para evitar males mayores.

También la noche nos puede enseñar luces. Y belleza

Mirar al cielo y reencontrarse con la luna es darnos cuenta de que somos débiles. Nosotros vamos cambiando pero ella se mantiene. Es posible atraparla, guardar su mirada de la única cara visible. Está alejada pero la tenemos muy cerca.

Las postales debían tener cielos bonitos, pero nunca de lluvia

Las postales sirven para llamar la atención, para llevarte en un cartón el recuerdo de una mirada. Lo normal hasta hace un par de décadas era que las postales tuvieran nubes, curiosidad de los editores, nubes que lograran llenas los cielos de contenido. 

Pero nunca nubes de lluvia, pues en España no llovía, aquí siempre había que publicitar que el sol era fijo. 

Detalle, color en exceso, miradas normales y recuerdos de viaje. Como escribo desde la gran ávila pero sin ordenador, la calidad de la imagen no es ni de lejos de postal, pero me apetecía contaros algo de las postales.

Juguemos a enseñarnos nosotros mismos. Onanismo con las imágenes

Jugar a enseñar es jugar contigo mismo. Es intentar crear para no aburrir a quien te entrega unos instantes, es inventarte lo que quieres mostrar, pues la normalidad aburre a quien debes engañar para robarle unos segundos de atención.

Muchas veces lo que se muestra es algo sin sentido para quien lo contempla. Otras veces incluso para el autor. Pero siempre tienes algo escondido o una idea fracasada. Siempre es un golpe de luz, un grito silencioso, una oscuridad que engaña. Todo sirve para intentar atrapar al pez que nos nada contracorriente.

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