Junto a la cárcel del pueblo estaba el chorrito

No encajaban los elementos: el nombre, el número, la ventana, los barrotes, la sensación de abandono, de antiguedad, de curioso lugar llamado a ser llamado.

Lo curioso es que estaba pegado al edificio de la cárcel del pueblo, hoy abandonada o vacío, que depende del momento y el tiempo.

Calle del Chorrito en La Alberca

En los nombres de las calles está sin duda el espíritu del momento. Calle del Chorrito, nos imaginamos que del chorrito de la fuente del pueblo, de La Alberca. Queda un nombre muy simpático, que se conserva como es lógico, pues las historias de los lugares no nos pertenecen a nosotros, sino a todos, los que estamos, los que estuvieron y los que estarán.

Catedral de Santa Eulalia de Barcelona

El Altar Mayor de la Catedral de Barcelona con una representación moderna de la exaltación a la Cruz es solo un detalle de la belleza de este edificio gótico que forma un conjunto de los mejores de España. Dedicado a Santa Eulalia, cuenta en su claustro con 13 ocas blancas que representan la edad de la santa cuando fue martirizada.

Las esculturas también se duchan, sin dejar de hacer su trabajo

Este San Jorge se estaba duchando mientras atacaba con desahogo al dragón malvado. Tanto le estaba durando su ducha que se había formado verdín a su alrededor, pero eso no me importó lo más mínimo, lo realmente importante en todo esto era lo mucho que duraba el dragón en torcer la cabeza y quedar definitivamente hundido. Llevaba el mismo tiempo que San Jorge en intentar matarlo, y la ducha en seguir sacando agua para limpiarles a los dos de la sangre vertida.

Un perro muy peligroso pero de piedra


Ante tamaño perro guardián, pocos seríamos capaces de entrar sin mirar al cielo. No ladra pero mira con cara de pocos amigos. Incluso dicen los que entran muchas veces, que si se enfada suelta babas espumosas que manchan el suelo. No te puedes fiar de los claustros escondidos.

Una flor siempre va envuelta en sentimientos

Una flor siempre va envuelta en un sentimiento. Está viva o muerta, siempre está viva. Las flores hablan por quien las recibe y desde quien las entrega. Son elementos muy gratificantes que siguen entregando amor mientras conservan la forma.

Me miró como pensando que estaba loco. Y lo estoy.

La rosa flor rosa no era una rosa, pero puesta sobre un fondo neutro parecía una luz. Nacer para ser un adorno es muy poca cosa. Así que la fotografié para que se sintiera un poco mejor. Y se lo dije. Me miró como pensando que estaba loco. Y lo estoy.

Aquellas damas habían logrado detener el tiempo con unos lápices

En aquel patio, estar sentadas en el suelo dibujando la historia, me pareció un lujo de sueños. No eran niñas sino libres, sabían que hay otros métodos para retener en la memoria los recuerdos, pero la sencillez del lápiz, de la pintura sobre papel, del carboncillo, es como un milagro que ayuda a crear luces y sombras. Aquellas damas habían logrado detener y retener el tiempo.

Un elefante beodo dentro de un caos inentendible


Dentro del caos todavía se pueden encontrar colores, formas reconocibles, elefantes en su senda abrazados a la botella, dibujos que hablan de muerte y de más caos. Todo se mezcla, se va llenando de más elementos hasta convertir todo en algo inentendible. Pero esa es la ruina del entendimiento. Quedan como focos, la mirada traspuesta del elefante beodo.

Hemos mandado este satélite desde España a Latinoamérica. Veremos si llega

A veces un satélite no está en los azules sino en los rojos. No vuela sino se asienta. No está sobre las cabezas sino a la altura de la cintura. Eso depende del que lo crea y de sus peculiares formas de volar.

Casi todos los satélites vuelan, incluso los que están atados a las paredes. Este mismo está volando ahora hacia Latinoamérica. No sabremos nunca cuantas vueltas dará por todos los mundos.
 
Esta obra está en el Distrito Universidad de Zaragoza.

Tener la cabeza cuadrada es más normal de lo que parece

No me atreví a quedarme mirando los ventanales, no fuera a salir alguien con la cabeza cuadrada. Podría parecer imposible, pero peores cosas he visto en mis charlas con la gente. Tener la cabeza cuadrada es más normal de lo que parece.

Por esa zona los peces se escapan al mar

Podría ser el último tango, que no el último trago, pero me extrañó ver que uno de los dos peces huía del lugar. Me acerqué lentamente para que la chica no perdiera la sonrisa e intenté asomarme por la zona de la persiana en la que metía el morro el gran pez azul. Pero el muy puñetero me sacó los dientes todavía más y me acojoné. Creo que por esa parte de la persiana se va al mar.

Las estrellas dicen que los fugaces somos nosotros

Las estrellas dicen que los fugaces somos nosotros. Ellas perduran, incluso sabemos ya que cuando las vemos es en el pasado, que nunca las podremos ver como realmente son ahora, pues nos iremos antes. Curiosidad del tiempo que creemos dominar y nos mantenemos engañados para ser felices.

Perderse por algunas calles de Barcelona es perderse por el mundo

Algunas calles cuando están cerradas tiene más color que cuando están abiertas. Son cosas del arte urbano, de la defensa contra las pintadas sin sentido, del trabajo del color.

Perderse por algunas calles de Barcelona es perderse por el mundo. Es saborear Europa y abrir los ojos para llevarte toda la imagen.

Cristalera de música en un palacio

Aquel edificio me encantó. Es decir, se me llevo al campo del sueño y me creó dudas. Era demasiado hermoso para ser real, pero al decirme que se empleaba para la música entendí casi todo. Así, con esos envolventes, era más sencillo abstraerse y caer rendido ante la belleza sonora. Aquel Palacio de la Música estaba creado para soñar. Y me puse a delirar, claro, hasta que me despertaron para irnos. La visita había concluido. Allí se quedo Dvorak a medio sonido y es posible que aun siga. Yo me tuve que ir.

¿Quien vivirá más, los clavos o la madera?

En la vieja madera convivían un sencillo clavo y un clavo de alta alcurnia. Ambos de edad decreciente, ambos oxidados y casi negros, pero manteniendo sus gallardas figuras, pues no querían confundirse. El uno bien pegado a la madera, demostrando su papel de embellecedor, de oronda figura hermosa, de venir de buena fundición. El otro sobresaliendo como podía de entre la madera y sin trabajo fijo que demostrar.

Ambos había soportado los golpes y las caricias, el fuego y los fríos. Pero los dos lograban mantenerse en su puesto, cumpliendo la única misión que tenían encomendada ahora. Vivir más que la madera.

Aprender a morir es algo que nos dará mucha más vida

La muerte se ríe de nosotros y también con nosotros. Sabe que mientras haya vivos, ella se podrá reír de todos nosotros, que la vida la mantiene viva. Goza de la vida desde la muerte, ella y nosotros. Aprender a morir es algo que nos dará mucha más vida.

Cielos dramáticos de otoño en Anzánigo

Son días de cielos dramáticos, de luces cortas, de tormentas de final de otoño que invitan a seguir en el hogar, junto a las castañas y el fuego. Son tardes ancestrales, de recogida, de diálogo, de soñar. Son días para mirar por la ventana de la cocina del pueblo. Este cielo es de Anzánigo, de un día de sol y frío, de recogida y hogar con maderos.

Si miramos vemos. Incluso distorsionado, pero vemos

Si miramos vemos. Incluso distorsionado. Pero vemos.

Las luces cambian de color según el cristal con el que se mira, pero también según el color del cristal sobre el que se reflejan.

A veces los renglones torcidos son efecto del calor, otras de saber leer o incluso de saber mirar.

Una flor en la noche, antes de apagar las luces totalmente

En las noches viejas, en las noches oscuras de luna escondida no hay flores. En esas horas hasta que vuelva a salir la luz, las flores desaparecen escondidas por el negro. En los campos no hay luces de fuera. Así que las flores descansas o huyen. Nadie sabe bien hacia donde, pero se escapan pues los problemas que les damos los humanos ni las entienden ni les gustan. Luego con la luz vuelven a caer en la trampa y aparecen con sus colores para no disgustarnos más. Son unas blandas.

Cambiaron a la chica de colores por un cajón de hombre

La puerta estaba cerrada pero la chica de labios morados me miró fijamente con ganas de que me acercara a ella. La puerta estaba disimulada aunque había un timbre para intentarlo. Me dio miedo pues su mirada era excesiva. A la tarde siguiente ella no estaba, la puerta abierta enseñaba unas escaleras que llevaban al infierno. Pero ella no estaba. En su lugar un portento de cuadrado en forma de hombre corpulento me llamó la atención. Pero no había color. Nunca supe qué había debajo.

Estamos a punto de engañar a la naturaleza. Es la única que queda

¿Y si tras el otoño vinieran las lluvias templadas en vez de las nevadas y con ellas una florida época invernal? Podríamos engañar a las plantas, esas amigas necesarias para vivir. Estamos engañando a todos, a los ancianos, a los pensionistas, a los enfermos, a los parados. ¿Por qué no engañar también a los almendros, a los girasoles, a los perales, a la alfalfa y hacerles creer que ya es primavera? Vamos camino de ello, cada vez nos falta menos.

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