Una abeja en flor, trabajando para ahorrar

Aquella abeja me lo puso fácil, estaba absorta con su alimentación, recogiendo todo lo que podía y me pude acercar lentamente hasta tenerla a disparo. Creo que nunca me mirço, que incluso ni se percató de mi presencia. Y yo casi tampoco, más pendiente del enfoque que de sus movimientos. Era una de mis primeras abejas. Era Canfranc en Huesca.

No es niebla. Es un escondite agrisado

Cuando se mezclan todos los conceptos, los colores y las formas, incluso las velocidades y los movimientos, casi nada es lo que creíamos que era. No es posible saber qué hay más allá, qué nos observa o a quien debemos mirar con los ojos más abiertos. De nada sirve observar, hay que dejarse impregnar de la situación y escuchar. A lo sumo, escuchar.

¿Alguien ha visto a un lobo solitario comiéndose un “me gusta”?

No sé si me gusta o me gustas, no sé diferenciar bien entre las posibilidades que tengo para decirte que estoy de acuerdo contigo. Debo ser un antisocial inadaptado a los tiempos modernos. No te respondo cuando me escribes, si estoy paseando o haciendo otras actividades, soy un incapaz por no querer dejar lo que estoy haciendo y mirarte en el teléfono. No voy a ningún sitio, como continúe con estas actitudes tan pocos redes sociales. Soy como los lobos que se tragan todo lo que les viene al paso sólo para fastidiar. ¿Alguien ha visto a un lobo solitario comiéndose un “me gusta” y sin pestañear? Yo si.

Peor que ser esqueleto es no ser nada

Los esqueletos son siempre feos, pero si los observas un poco más, puedes encontrar colores, formas, brillos, que los asemejen a una nueva vida. En realidad los esqueletos son nuevas formas de permanecer ante los cambios, durante un tiempo mayor al establecido. Mucho peor que ser esqueleto es no ser nada.

A la muerte le brillan las miradas en amarillo

Creí por un momento que entre la niebla surgía la muerte acompañada de su conquista. Era una mañana de domingo y la luz era tan tenue que todo lo confundía. Pudieron ser también dos señoras disfrazadas de misa de domingo. Pero al verme, agacharon la mirada y se dirigieron más lentamente hacia la salida como queriendo que las adelantara. Sí que recuerdo que al final del camino, la de la derecha se volvió levemente hacia mí y sus ojos le brillaron espectacularmente entre la niebla que se las llevaba. Mucha luz para mí sólo, me respondió estremecido mi propio pensamiento.

Nota.: Fotografía de Miguel Puente Ajovín

Nos mira desde el futuro. No podemos disimular

Este futuro que nos mira tan profundamente está en una pared del barrio zaragozano del ACTUR. Pero podría estar en New York o en Burgos. Sólo nos mira, no puede hablar pues no tiene posibilidad, pero con su mirada nos está exigiendo muchas cosas. Es una mirada fuerte, a la que no podemos obviar. Tal vez no seamos capaces de entender que es el futuro, pero sin duda, de lo que no cabe duda, es de que no es el pasado.

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