Una ventana anciana que ha sufrido

Ya en su momento dije que las ventanas sirven para asomarse o simplemente para ver y mirar. Pero también para que te vean, para que desde fuera sepan qué se esconde detrás de lo negro. Los árabes entienden mucho de esto y por eso crean sus fachadas sin ventanas bajas, al revés que los judíos que las creaban y amplias para utilizarlas en la venta de productos como si fueran un escaparate. Son distintas formas de entender la ventana en el urbanismo.

Las viudas caracoleras que no se notan

Una caracolera era en mis tiempos quien recogía los hoy prohibidos caracoles. Conocí a muchos más caracoleros varones, lo que me hizo creer que el oficio de caracolero tenía algún componente de sexo que yo desconocía. Curiosamente en mi barrio el caracolero del entresuelo murió y su viuda siguió con la cría de caracoles en el patio de luces de la casa. El caracolero del mercado que también vendía ajos y sería casualidad (o no) murió y su mujer siguió vendiendo caracoles en el puesto, aunque quien los recogía por los ribazos era su hijo en los fines de semana. Poco a poco los caracoleros se me fueron muriendo pero dejaron en su cargo a viudas caracoleras. Esta señora es de otra ciudad, en concreto del norte. No la conozco de nada. Espero no haber acertado, por el bien de su difunto marido. Joder, ya lo he dicho.

¿Quíen manda más, el ayer o el hoy?

Ayer publiqué esta misma imagen a color. Cosas de la cabeza me llevaron a pedirme que la volviera a publicar en blanco y negro. Son esas situaciones molestas en las que uno no se puede negar a sí mismo. ¿Quién manda más el ayer o el hoy? Pues hoy manda más el hoy, pero no tengo ni puñetera idea de quién mandará más mañana. Me dejo llevar y punto. Ya iremos viendo.

Estamos llenos de texturas. Nosotros somos una textura

El mundo está lleno de texturas, de superficies que se repiten para que la unidad al convertirse en grupo aparezca como otro elemento diferente y siendo compacto se convierta en uno sólo y con personalidad propia. Estas bolas no son nada. Pero en conjunto forman una enorme pared, un centro comercial inmenso, un nuevo material con forma de textura. Somos la suma de muchos, pues sueltos no somos en realidad casi nada.

Una mujer pensado…, en Birmingham

Te pillé pensando, tal vez soñando, no fuiste buscando sino que yo pasaba por allí. No parecías cansada sino ensimismada en tí misma, como metida hacia dentro. Nunca sabremos nadie qué pensabas en ese momento, ni tú misma si por esos imposible te volviera a encontrar enfrente de mis miradas con cámara. Tú…, no sabes que hoy estás aquí, ni te lo imaginas, pero lo estás y nunca lo sabrás. Es posible que seas inglesa, tampoco estoy seguro, y que aquella mañana estuvieras reventada por algo. No podrás contárnoslo, así que haremos lo bonito, lo fácil, imaginárnoslo. Que cada uno se imagine los motivos por los que esta mujer en la ciudad de Birmingham está descansando de sus ideas.

Son sólo imágenes. Lenguaje para la mirada

Son imágenes que he ido cazando por mis paseos buscando el simbolismo de cada momento. No tienen unidad, no representan un todo, sino simplemente momentos, si acaso espacios largos de un tarde o una mañana. Son miradas, apariciones en mis caminos. Por eso forman parte de mi, y las llevo en el recuerdo. Son mis trofeos de caza.

En recuerdo también a los errores que se cometieron

En recuerdo a lo que fue. A lo que no llegó a cuajarse. A lo que se intentó en varias ciudades españolas como grito de una juventud que necesitaba tomar el futuro. En recuerdo a lo que lograron desmantelar sin prohibirlo. En recuerdo también a los errores que se cometieron. En recuerdo a la paz, a la convivencia, a los círculos y el debate, a la libertad.

Imitar la vida no es vivir. Es morir poco a poco

Hay muchas formas de imitar la vida, y una de ellas, tal vez la más simple y sin duda la más automática es simplemente vivir. Vivir es dejarse llevar, es dejar que caigan sobre ti todos los componentes de la vida, poco a poco, mes a mes, año a año, hasta que se acabe la energía y se apaguen las luces. Imitar la vida no es vivir, es simplemente avanzar hacia la muerte. Pero cada uno de nosotros podemos hacer aquellos que más fácil nos plazca copiar. De lo que es seguro es de que no seremos capaces de parar la caída de las energías y la luces. Lo que sí podemos hacer es disfrutar en esos intermedios.

Una familia hablando de sus cosas

No es complicado ver a familias hablando de lo suyo, más ahora que con los primeros calores es más fácil salir a la calle a pasear. Hablamos, nos contamos nuestras dudas, nos miramos a los ojos y sonreímos. Es lo que más o menos hacen estas palomas encima del árbol del parque. Todo es muy habitual, de lo más normal siendo primavera.

Una verja de lo más común. Pero por eso está

Lo más elemental si está sacado de su contexto puede seguir siendo de lo más elemental. Pero es un elemental diferente. Más bonito. O más feo. Esta verja es simple, vieja, repintada, doblada por el tiempo y no muy antigua ni importante pues no está entrecruzada. Pero tiene dos detalles que la convierten en curiosa. Su imperfección y el marco de piedra. Nada más. Eso y mirarla.

Veremos los colores, las formas, las texturas de la muerte metálica

Nunca sabremos quien fue el último que se asomó a esta ventana ya oxidada, siendo ventana. Pero existió. Y también existió la primera persona que bajó la ventanilla, el cristal presionando hacia abajo, y se asomó al exterior buscando el aire sobre el rostro. Tampoco sabemos si estas personas se están conservando tan mal como el vagón del tren, si ya no están ni conservadas como esqueletos o si todavía son capaces de visitarnos y contarnos su viaje. Estos pequeños secretos, todos sin importancia, son los que realmente podrían llenar de vida este esqueleto oxidado. Como nos lo tenemos, nos conformamos con ver los colores, las formas, las texturas de la muerte.

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