Son 300 cebollas esperando a nacer

Si un dia nos mostraran 300 cebollas nos imaginariamos un campo enorme llenos de plantas espigadas y derechas. Pero en este caso solo son casi dos, simplemente casi dos flores de cebolla. Puede parecernos un milagro que de una semilla diminuta pueda salir un fruto de casi un kilo de peso. Y efetivamente…, es un milagro natural.

Flores de calor, para el otoño de frío

Flores rojas u hojas rojas. Es el otoño, la sensación de que debemos descansar para volver con más fuerzas renovadas. Es el calor del hogar, pues en la calle será complicado retenerlo, es el rojo pasión o el rojo apasionado. Es la potencia que aumenta en los últimos segundos del verano.

Ventana de la cárcel voluntaria

Esta ventanita de un convento de clausura sirve para comunicarse con la vida, para vender repostería o para que se hable muy levemente con las personas que acuden a comprar. Es el clásico torno de un convento, que permanece cerrado hasta que se llama con los nudillos. Si observan que eres hombre, te hablan pero no ves. Si eres mujer sí logras verles la cara y la conversación puede ser más extensa. Es la ventana de la cárcel voluntaria.

Flor rosa con luces amarillas, de un otoño amable

Una simple flor de comienzos de otoño, para recordarnos que la naturaleza no para de crear colores y formas. Un bello ejemplo de que lo natural es complicado de imitar, pues su diseño en simplemente fabuloso.

Un juego de colores, de luces, de brillos

Muchas veces es una simple luz la que nos lleva la mirada de un sitio a otro. No son volúmenes, formas, solo es luz la que te atrapa, la que nos llama desesperadamente. Huimos de lo gris, buscamos el color, pero sobre todo buscamos el color que contraste con su entorno. Que se unan colores complementarios y que salga ganando el que más nos atrape en ese momento. Si todo el entorno fuera cálidos y brillante, unos toques de gris neutro y apagado en el centro, serían los que nos obligarían a mirar.

Músico callejero en Dresden. Y sonaba muy bien

Siempre me han interesado los pequeños negocios, los trabajos particulares, los autoempleos, el arte y la música. Todo ello está aquí. 

Un solo hombre y tres instrumentos musicales tocados a la vez. No es posible pedir más, pues aunque no lo podamos saber por la imagen, sonaba muy bien en una de las zonas más conocidas de Dresden.

Estas persoans que nos llenan las calles de otro color, con otro sonido, son muchas veces los que dan vida a los grandes monumentos casi muertos. Las piedras también necesitan vida.

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